Belong
Desde la última vez que estuve ahí, ya no dejé de pensar en ese feo lugar.
Toda la basura, el techo desgastado, las manchas por todos lados...
El aroma fuerte a heces y orina.
Viene a mi mente este lugar específico de esta edificación destruida, este pequeño espacio de cemento rodeado de hierbas que crecen en las grietas.
Bajo el descubierto del techo que se derrumbó y ni siquiera supe cómo, ni siquiera hay escombro... No del todo... O al menos dónde no debe estar.
Mentalmente me transporto ahí, ya no estoy pensando en la persona que creí vivía ahí.
Sólo pienso en ese edificio derrumbado, en el silencio en él, en la nada misma que hay ahí.
De algún modo horrible, me hace sentir reconfortada.
Como si esa decadencia, suciedad y soledad fueran mías.
Como si ese espacio fuera el que me pertenece y corresponde a mí.
A veces, cuando estoy ahí en mi cabeza, entre ese silencio casi abrumador, mirando hacia la hierba y el extremo opuesto, ese dónde aún hay un par de habitaciones con techo...
Mientras mi mente está observando ese lugar, me doy la vuelta y algo sale rápidamente desde la "habitación" que cubre una cortina, esa que jamás me atreví a desvelar.
Algo sale de ahí, me toma de los hombros haciendo un ruido horrible y agudo.
Y mi campo mental se rompe haciendo que me den escalofríos.
Respiro agitada, mi propia fantasía es capaz de asustarme.
Vuelvo a cerrar los ojos y estoy de vuelta ahí, en el lugar de siempre, ese claro específico de concreto que está justo al bajar las escaleras.
¿Que rayos era este lugar en vida?
Me lo han dicho varias veces y yo sigo sin comprender.
Mentalmente estoy ahí, ya sin que nada salga a embestirme por la espalda como un zombie hambriento y destrozado por la natural degradación del organismo.
No tengo nada conmigo, sólo yo y lo que llevo puesto.
No hay nada, no hay nadie.
Suciedad, decadencia y un triste aire de absoluta soledad.
Nada.
Nadie.
Algo en esa basura se siente familiar, familiar en el sentido de que no se siente ajeno a mi.
No es como si esos objetos dejados atrás fueran míos...
Es más como si yo fuera ellos.
Los fluidos extraños que identifiqué como vómito, aunque podría ser de todo... Se sienten... Normales.
Tan normales como se siente entrar a tu casa y ver la grieta que está en la pared desde el día que te mudaste.
Este lugar parece cambiar... Desde afuera puedes ver cosas nuevas, cosas que han sido puestas y cosas que han sido extraídas.
Lo curioso es que nunca verás a nadie ahí.
Nunca verás a nadie limpiando o trabajando ahí.
Es casi como si el lugar tuviera vida propia y transmutara por su propia cuenta...
Me siento cómoda entre tanta decadencia y suciedad.
No tengo como explicar eso, por más vueltas que le doy, sólo sé siente como mi espacio designado y ya, ese en el que sabes que eres bienvenido, ese en el que existes tú y sólo tú y que ese lugar es tuyo, tan tuyo como tu propio hogar...
Entre los grafitis antiguos, testimonios de pasados dejados atrás, escritos hechos por adolescentes que hoy son adultos.
Pintarrajeadas de viejos grupos que, como polvo en el viento, el tiempo desvaneció.
Telas de prendas irreconocibles, hierbajos tristes creciendo pobremente, apenas pigmentados de verde, sin manera de apoderarse del lugar... Un cristo roto atado en un cordel negro... ¿Es esto un viejo trabajo de santería?
Mi alma llama este lugar y este lugar la llama de vuelta.
Mi mente siempre está vagando aquí, sentada en ese espacio de cemento vacío, a la sombra de un techo derrumbado y un árbol que reclama lo suyo.
Sola, en una paz bizarra que no alcanzo a entender.
Rodeada de los ecos del pasado que le cuentan verdades a medias al presente.
Que el futuro reconstruirá con mentiras llamas teorías.
Me reconforta, me abraza la sensación de ser, no sólo parte de ese espacio, si no de ser ese espacio.
Lo que empezó como curiosidad se ha convertido en un extraño sentido de pertenecia.
En lo más profundo de la psique humana se encuentran las respuestas a todo lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos.
Pero nadie tiene acceso completo a su propia conciencia.
Mi mente siente este lugar como suyo, mi mente se siente como parte de éste.
Como si yo fuera uno más de los desechos que ahí se refugian del mundo.
Soy la mancha de humo negro, soy los objetos dejados atrás, soy las paredes derrumbadas, soy las manchas y las telarañas, el polvo y las hierba.
Soy la materia humana, ese entorno se siente como el lugar al que pertenezco, el lugar dónde debería estar.
Acaricio las paredes vacías, camino con cautela aún cuando sólo es mi mente moviéndose a través de un recuerdo.
Ese lugar es mío de un modo horrible.
La primera vez que estuve ahí, traje conmigo de vuelta a casa, un pequeño oso de juguete color azul.
Tomado con cariño entre mis manos sin importarme mucho la suciedad que tenía pegada.
Puedo ver el juguete sobre mi cómoda.
En su nuevo lugar, limpio y mirándome desde el mueble.
Es como si hubiera intercambiado lugares con ese juguete.
Es como si ahora fuera yo quien pertenece a este vacío lugar.
Pero mi mente viene con una teoría más mientras escribo ahora.
La razón por la que ese lugar se siente tan familiar, la razón por la que abrazo esta soledad y dolor como míos, es porque así me veo a mi misma.
La suciedad y la inmundacia, así como la decadencia continúa, incluso la paz que se siente ahí dentro.
Paz que no existe, paz que construí para mí misma ahí.
Todo eso soy yo.
Así es como me persivo a mí misma, esa es la forma en la que yo me siento.
Indigna, inmunda, destruida, un eco de lo que en algun otrora fue un lugar mejor.
Una persona diferente.
Aunque lucho por mantenerme de pie, inevitablemente me derrumbo lentamente, mientras me esfuerzo por contener a quien sea que me necesite, aún en precarias condiciones, tan indignas como yo...
Me gusta este lugar... Este lugar es un espejo tan distorsionado como honesto.
Me llama y me quiere de vuelta.
Un horror hecho por alguien más, este lugar es como yo.
Sé que no puedo regresar ahí.
Pero al menos me gustaría deshacerme de esta sensación, de sentirme atraída magnéticamente.
Quisiera entend
er si tengo algo por hacer en este lugar, o si sólo soy yo sintiendo confort y pertenecia por fin.
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